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Religión El arrepentimiento genuino

Juan Bautista fue el heraldo que allanó el camino de Cristo; anticipó su mensaje con palabras de Teshuvá - arrepentimiento - y de nuevo renacer para la llegada del salvador.

En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 3:1-2)

Tan importante pilar para el credo constituye el arrepentimiento, que las primeras predicaciones de Jesús exhortaban al pueblo de Israel para su compunción, pues era anunciado el acercamiento del Reino de Dios. De la misma forma en que hizo Juan Bautista, Jesús proclamó:

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 4:17)

Los hombres de Dios sienten el golpe de la contrición y la tristeza cuando pecan, y ello es acorde a Su voluntad. Ese sentimiento está directamente ligado al influjo del Espíritu Santo sobre los profesos verdaderos.

Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2Corintios 7:10)

El arrepentimiento genuino es, consiguientemente, vía de perdón. Y el perdón es vía de salvación. La carencia de arrepentimiento implica carencia de salvación, y por ende aquellos que no se arrepienten son rechazados por el Reino de Dios.

“Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” (Lucas 13:3)

Apóstol Pablo nos ilustra cómo se manifiestan las actitudes personales en el arrepentimiento:

Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. (2 Corintios 7:11)

  • La solicitud - mejor traducida en "diligencia" o "disposición" - es la búsqueda de la justicia, en término de la complacencia al mal e indiferencia por los pecados.
  • La defensa es la limpieza de la reputación que genera el estigma del pecado. Es decir, la abierta manifestación del arrepentimiento genuino.
  • La indignación justa, enojo santo contra el pecado; culpabilidad y desagrado, pues hemos transgredido la ley de Dios, el más ofendido por nuestra desobediencia.
  • Temor, que es la reverencia a Dios; aquél único que tiene potestad de juzgarnos.
  • Ardiente afecto - mejor traducido en "anhelo ferviente" es el inmensurable deseo por regenerar nuestro corazón desfaciendo el pecado cometido.
  • El celo es el amor profundo a Dios, hasta el punto de aborrecer a quién lo aborrece.
  • Vindicación - mejor traducido a "vengar el agravio" - implica el abandono de la autojustificación, para asumir la venganza recaída de nuestro pecado sin importar su costo.
  • Es así que el hombre arrepentido consigue ser "limpio en el asunto", esto es, alcanzar la puridad. La búsqueda agresiva de la santidad.
 
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