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Religión El sermón de la montaña - código de conducta a seguir.


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Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Prefacio

Previa a la enfatización de la Ley, Jesús indica las principales virtudes por las cuales se caracterizan los discípulos de la palabra de Dios:

Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su fuerza, ¿cómo se le restaurará su salinidad? Ya no sirve para nada, sino para echarla fuera para que los hombres la huellen.


En tiempos de Jesús, la sal se utilizaba como conservante. Esta ayudaba a mantener en buen estado los alimentos – por ejemplo, nunca pudieron ser posibles los largos periplos al mar de no ser por la sal, imprescindible para la conservación de los alimentos – . Jesucristo pide a sus discípulos que sean “la sal de la tierra”; el cristiano debe resistir incólume a la tentación y constituir un baluarte de benignidad en medio de las tinieblas.

En tiempos coetáneos a Jesús, la sal también se precisaba para secar el templo, cuando se encontraba desbordado de agua por las lluvias. Aquel que “no sirve para nada” sería arrojado para que los hombres lo pisaran.

“Ustedes son la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad cuando está situada sobre una montaña. No se enciende una lámpara y se pone debajo de la cesta de medir, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así mismo resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que ellos vean sus obras excelentes y den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos. “

Así, Jesús remacha: la obligación del cristiano es la de ser como una lámpara, que ilumina las tinieblas con su buen obrar.

La ley

Todo el que se enoje contra su hermano, compadecerá ante el tribunal; y el que diga a su hermano estúpido, compadecerá ante el sanedrín; y el que le diga renegado, compadecerá para la gehena del fuego. Por tanto, si al ir a presentar tu ofrenda ante el alter, recuerdas allí que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.


Antes de realizar la oración, habremos de recapacitar en nuestras enemistades y desfacer cuantas confrontaciones sean pendientes. Sólo inmersos en la plenitud del amor podemos orar a Dios; no haya presente mal en nosotros ante Él.

Pues ¿no se arreglan los hombres puestos a reunirse y convidarse? Arreglen también su corazón, antes de ser puestos a orar ante Dios.

Habéis oído que se dijo “no cometerás adulterio”. Pero yo os digo: Todo el que mira a una mujer con mal deseo, ya en su corazón cometió adulterio. Si pues, tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; porque más te vale perder uno solo de tus miembros, que ser arrojado todo tu cuerpo al infierno. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; porque más te vale perder uno solo de tus miembros, que ir todo tu cuerpo al infierno.

El hombre que codicia a las mujeres y degenera con ellas en su corazón peca. Debe entonces rehuir sus deseos y abandonar toda intención maliciosa para estar en paz con Dios.

También se dijo: El que despida a su mujer, dele certificado de divorcio. Pero yo os digo: Todo el que despide a su mujer, excepto en caso de fornicación, la induce a cometer adulterio; y quién se casa con una despedida, comete adulterio.

La mujer con que el hombre aspire a desposarse deberá ser casta; sólo en caso de fornicación el hombre tiene potestad de pedir divorcio. De lo contrario, estaríamos practicando adulterio en el primer caso o induciremos a ello en el segundo.

Igualmente habéis oído que se dijo a los antiguos “No jurarás en falso, sino que cumplirás al señor tus juramentos”. Pero yo os digo: No juréis en manera alguna: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es escabel de sus pies; si por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey; ni tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Vuestro hablar sea: al sí, sí; al no, no. Lo que de esto excede, proviene del malo.

Como hombres de absoluta confianza, los cristianos no necesitan de juramentos para refrendar la autenticidad de sus palabras. Sujetar la palabra del hombre a lo sagrado es oprobio para Dios.

Habéis oído que se dijo: "OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE." Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda.
Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo». Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Caracterícese el cristiano por la apacibilidad e indulgencia para con quiénes son sus enemigos. Sea el altruismo congracia de Dios para el perdón de los pecados, porque fue dicho “si perdonáis a los hombres sus faltas, también os perdonará a vosotros vuestro padre celestial”. Seamos, así como nos lo pide Jesucristo “perfectos, como perfecto es vuestro padre celestial”.

Tened cuidado de no hacer vuestras buenas obras delante de la gente para que os vean; de lo contrario, no tendréis recompensa ante vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando vayas a dar una limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para recibir el aplauso de los hombres; os lo aseguro: ya están pagados. Cuando vayas a dar una limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te dará la recompensa.
Y cuando os pongáis a orar, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar erguidos en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse ante la gente. Os lo aseguro: ya están pagados. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te dará la recompensa.

Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

El cristiano no busca el beneplácito mundanal proveniente del hombre, mas sólo el celestial, proveniente de su Padre. Así, la profesión de la Fe ha de ser íntima, porque “tu Padre, que ve en lo secreto, te dará la recompensa”, como tú en lo secreto oras y realizas buenas obras para congraciarlo.

Cuando estéis orando, no ensartéis palabras y palabras, como los gentiles; porque se imaginan que a fuerza de palabras van a ser oídos. No os parezcáis, pues, a ellos; que bien sabe Dios vuestro padre lo que os hace falta antes que se lo pidáis […] Porque si perdonáis a los hombres sus faltas, también os perdonará vuestro Padre Celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas.

Acudir a memorizaciones reiterativas carece de valor para Dios, que pondera confesiones francas y cuya simiente tiene su origen en el corazón. Jesucristo establece en el denominado “Padre Nuestro”, una oración de referencia sobre la que el cristiano puede inspirarse, y que enfatiza el fundamental contenido del rezo.

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy

nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.


“No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los destruyen, y donde los ladrones perforan las paredes y roban. Atesorad, en cambio, tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre los destruyen, y donde los ladrones no perforan las paredes ni roban; porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”
“Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro, o se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No podéis servir a Dios y a la riqueza.”
“Mirad las aves del cielo: no siembran ni siegan ni recogen en graneros, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”

Así, afanarse a los bienes materiales no es sino afanarse a una vida mundanal alejada de Dios, en que cobra preeminencia lo prosaico por sobre lo espiritual; la tierra sobre el cielo. Porque como los lirios del campo o las aves del cielo, el ser humano no necesita clamar a la tierra por su sustento; sí a Dios padre que está en los Cielos, sólo entonces todo nos será dado. Pues escrito está “buscad primero el reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”.

“No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con el que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis seréis medidos. ¿Por qué te pones a mirar la paja en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo? ¿O cómo te atreves a decirle a un hermano “Déjame que te saque la paja del ojo”, teniendo tú la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate la viga del ojo y entonces verás claro para poder sacar la paja del ojo de tu hermano.”

El ser humano carece de potestad para realizar juicio alguno, pues es Dios único con legitimidad de valoración. Ayudémonos los cristianos como hermanos, no sin sacarnos la viga que ofusca la claridad a nuestros ojos.

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas y luego se revuelvan para destrozar a mordiscos"

No invirtáis tiempo y voluntad en personas que no transigen con la palabra de Dios; ellos que perpetran y – como los cerdos – viven en la suciedad no sólo os rechazarán, sino que también acometerán contra vuestra integridad física y espiritual. Orad por ellos como habéis de hacerlo por vuestros enemigos, pero no dignéis a hablarles, pues ello sólo implicara resignación y dolor.

“Pedid y os darán; buscad y encontraréis; llamad y os abrirán. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, le abren. ¿O habrá entre vosotros algún hombre a quién su hijo pida pan y le dé piedra? O si le pide pescado ¿acaso le dará una serpiente? Y si vosotros, que sois malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas ¿con cuánta más razón vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?"

Dios, como padre creador, ama sempiternamente a sus hijos. Tal es su bonanza, que prestará cuanto pidamos, y así también perdón, indulgencia, y buen porvenir.

“Por eso, todo cuanto deseéis que os hagan los hombres, hacedlo igualmente con ellos. Porque esta es la ley y los profetas. “

Así, los cristianos hemos de tratar a los hombres como hermanos. Considerando siempre la empatía; pues así, sirviendo y considerando complaceremos a nuestro señor.

“Entrad por la puerta estrecha; que es ancha [la puerta] y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; y es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella”

El maremagno de pecado baña a todos los profesos por igual y los instiga a la transgresión; es precisa resiliencia y fortaleza intrínseca que confiere Dios a sus verdaderos creyentes para mantenerse indemne frente a los ataques de Satanás. Será sinuoso el camino que henderemos hasta la vida, ¡pero transitémoslo con orgullo!

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso de los espinos cosechan uvas, o de los cardos higos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol podrido da frutos malos. No puede un árbol bueno producir frutos malos, ni un árbol podrido producir frutos buenos. Todo árbol que no da fruto bueno, es cortado y arrojado al fuego. Así pues, por sus frutos los conoceréis”

Sean los frutos de los hombres referencias para inferir si estamos tratando con falsos profetas, o por el contrario, con buenos predicadores.

No todo el que me dice ¡Señor, señor!, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi padre que está en los cielos. Muchos me dirán aquel día “Señor, señor ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre arrojamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos prodigios?” Pero entonces yo les diré abiertamente “Jamás os conocí, apartaos de mí, ejecutores de la maldad”.

Dios condena la espectacularidad religiosa, las profetizaciones en nombre de Dios ajenas a su palabra textual, que radica en la Biblia; así también los falsos exorcismos. Toda esta parafernalia no pocas veces está inspirada en la ganancia económica, y escrito está: no podemos servir a Dios y a las riquezas por igual.

FINAL

En fin, todo aquel que oye estas palabras mías y las pone en práctica, se parecerá a un hombre sensato que construyó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y dieron contra la casa aquella; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo aquel que oye estas palabras mías pero no las pone en práctica, se parecerá a un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y batieron contra la casa aquella; se derrumbó y su ruina fue completa.

Construyamos pues, hermanos, nuestra casa sobre la roca. Muchas gracias por leer.
 
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